Traducción parcial de The Minimalists.
Yo solia pensar que el dinero era lo más importante de mi vida. Así que me sacrificaba para generar dinero, y entonces me sacrificaba aún más. Y entonces otro poco más para conseguir un poco más de dinero. Trabajaba demasiadas horas, renunciando a mi salud, a las personas que tenía más cercanas, y a todo aquello que era realmente importante, a cambio de la búsqueda del todopoderoso euro.
[...]
Hoy dia, antes de gastar mi dinero, me hago esta pregunta: ¿Vale tanto como mi libertad?
Por ejemplo, ¿vale este café tanto como un euro de mi libertad? ¿Vale tanto esta camisa como 30€ de mi libertad? ¿Vale tanto este coche como para dar 20.000€ de mi libertad?
En otras palabras, ¿voy a obtener más valor de la cosa que voy a comprar? ¿O obtendré más valor de mi libertad?
¿No crees que es una pregunta que vale la pena hacerse a uno mismo?
Hoy día sé que cada euro que gasto agrega un valor inmenso a mi vida. Hay un tejado sobre mi cabeza por la noche, los libros o la música que compro añaden un valor incontestable a mi vida, la poca ropa que poseo me mantiene caliente, las experiencias que comparto con los demás en una película o un concierto añaden valor a mi vida y a las suyas, y una taza de té con mi mejor amigo se convierte en mucho más llena de significado que cualquier visita a un centro comercial.
Ya no malgasto mi dinero, y por tanto es mucho menos importante perseguirlo continuamente perdiendo horas y más horas en el trabajo.
Un nuevo anuncio idílico para vender cerveza. Resulta curioso como a muchos nos recuerda a un ideal de felicidad. Es normal. Las experiencias que el vídeo plasma nos parecen muy atractivas a todos y esas experiencias son las que nos llenan de optimismo, nos hacen olvidar los problemas y, en esencia, nos dan la auténtica felicidad: disfrutar despreocupadamente de cada momento...
Pero lo que resulta más llamativo es que en esa felicidad ideal tan bien plasmada no hay coches, ni adosados, ni yates, ni dinero, ni un buen trabajo, ni aumentos de salario, ni premios de lotería, ni ninguno de los ideales (o zanahorias colgadas de un palo) que muchos tienen en la cabeza asociados al éxito y la falsa felicidad.
Para ser feliz no es necesario que te toque la lotería ni tener suerte ni mucho dinero. Para ser feliz sólo es necesaria voluntad, tiempo y saber disfrutar de la compañía y del momento. Eso vale una fortuna pero cuesta cero euros.