Vivir y sobrevivir

Es absurdo vivir pendiente de cuándo se va a cobrar y si se llegará a final de mes. Si te pasa eso es porque arrastras demasiadas cosas a las que no estás dispuesto a renunciar porque las crees indispensables y que te llevarán a la felicidad. Pero llevas años así y esa felicidad, reconócelo, nunca llega.

La felicidad se encuentra en dar, no en obtener y acumular. Los medios nos repiten un mensaje machacón para que no dejemos jamás de ser consumistas y anhelemos el siguiente producto que, ese sí, nos hará felices. Y siguiendo esa estúpida zanahoria que tenemos delante de la nariz, perdemos lo más preciado que tenemos: el tiempo.

Ver con qué facilidad han adoptado miles de familias la pesada carga de una hipoteca justo cuando los precios de las viviendas estaban más caros que nunca resulta descorazonador. Una garantía que el sistema te impone para asegurarse de que no te sales del rebaño. Eso, sumado a la particular legislación que impide "devolver la vivienda" se convierte en una auténtica condena económica similar a la privación de libertad por estar en prisión. Sólo que no es la libertad lo que se pierde, sino la posibilidad de vivir tranquilo, de disfrutar de la vida, de viajar, de vivir, en definitiva. Un precio extremadamente caro si miramos un poco más allá de los euros.

Enfócate en tu día a día: ¿Qué ha cambiado respecto a ayer? ¿Has hecho lo mismo? ¿La misma aburrida rutina? ¿En que se parece ese día al de hace un año? ¿Y al de hace diez años? ¿Realmente crees que estás en el camino de la felicidad? ¿El de realizar tus sueños? No. Estás en el camino de descubrir un día que te has jubilado y que se te termina la vida y que tienes un enorme vacío y una extraña sensación interna de haber sido estafado. Si has hecho "lo que toca", si todo el mundo hace lo mismo, ¿por qué tienes esa impresión?

Todo en este mundo que conoces está orientado a que sigas ese camino. Crees que tienes suerte de vivir en un país libre en el que puedes hacer lo que te dé la gana en cualquier momento... Espera. ¿Seguro? Si puedes hacer cualquier cosa, ¿por qué todo el mundo hace lo mismo? O mejor aún, ¿por qué si alguien pretende hacer algo diferente le llueven críticas por todos los lados?

Tu obsesión es hacerte millonario. Para ello, crees que debes cobrar más, aumentar tus ingresos. Y el culpable de que no cobres más es tu jefe. De hecho, estarías dispuesto a ese aumento anhelado, aunque implicase más responsabilidades, más tiempo trabajando, menos tiempo disfrutando... Y todo, ¿para qué? ¿Para tener un puñado más de euros al mes? ¿O para que tu jefe mejore sus resultados y obtenga diez veces ese puñado de euros cada mes? Además, ¿eres consciente que al cobrar más pagarás más impuestos? ¿Y que al disponer de menos tiempo, necesitarás pagar por nuevos servicios por cosas que ya no tienes tiempo de hacer? Estarás trabajando más pero no mejorará tu situación. ¿Trabajarías mejor si te ofrecieran más dinero? Es evidentemente pero no lo vemos: ese NO puede ser el camino.

¿Por qué vivimos así? ¿Por qué no dedicamos unos minutos a meditar dónde estamos y dónde vamos, qué queremos y cómo? ¿Realmente necesitamos esa cantidad de euros para soportar un tren de vida que no nos hace felices y que nos absorbe energía constántemente? ¿No es acaso una infernal pesadilla? El miedo al fracaso, el desconocimiento, nos hace seguir los pasos de todos los que nos rodean, aunque sea evidente que no son felices, y aunque sea patético que el único objetivo de muchos es aparentar que tienen una capacidad económica un poco superior comprando un coche que realmente no necesitan y gastando un dinero que realmente sí necesitan. ¿No es triste vivir en una sociedad así?

¿No merece la pena intentar cosas nuevas? ¿Por qué ese miedo al fracaso? ¿Acaso no todos aprendemos de nuestros errores? El valor de equivocarse es inmenso. Aprendemos mejor cuando lo hacemos. Todos esos empresarios a los que miramos mal porque ganan mucho dinero tienen en común que en su momento se atrevieron a lanzarse y les funcionó bien. Pero, no sólo puedes crear tu proyecto empresarial, también puedes ir en sentido contrario y buscar un trabajo parcial o temporal que cubra únicamente tus necesidades básicas. Y tranquilo que seguro que no conoces a nadie que se haya muerto de hambre.

¿Para qué perseguir una zanahoria que seguramente nunca alcancemos mientras perdemos el tiempo de la vida en ello? ¿Por qué no optar por una vida minimalista y de bajo coste y sacar el máximo provecho del tiempo? ¿Dónde pone que trabajar menos sea pecado, que preferir la pereza sea negativo, que optar voluntariamente por no desear la TV más grande del centro comercial sea de tontos?

Todas estas preguntas deberíamos hacernoslas todos y cada uno de nosotros. Sentarnos. Pensar (eso que hoy cuesta tanto gracias a la TV). Y diseñar la vida que quieres vivir los próximos años.