96 horas a la edad de piedra: ¿Con qué rapidez nuestra vida conectada se desmorona cuando se va la luz?

Traducido de GigaOm.

Hoy en día, damos por sentado que tendremos acceso completo a Internet y conexión con el mundo las 24 horas, los siete días de la semana y los 365 días del año en nuestros smartphones, tablets y portátiles. Esperamos ser capaces de ver un resultado deportivo o conectarnos con un ser querido en 10 segundos o menos.

Sin embargo, en realidad no consideramos que nuestros smartphones y dispositivos inalámbricos se conectan a subcentrales móviles y a antenas de móviles. Que a su vez están conectados a las instalaciones de conmutación principal de la operadora de telefonía móvil. Todo ello necesita mucha energía, que después de un apagón es proporcionado por los sistemas de alimentación ininterrumpida. Cuando estos sistemas se quedan sin jugo, aproximadamente a las 96 horas, entonces tenemos un gran problema.

Considera esto: el Jueves, 8 de septiembre de 2011, un fallo de un equipo en Arizona causó un fallo en cascada en las instalaciones eléctricas, dejando a millones de personas de la zona de San Diego en la oscuridad. En un momento, la luz llegaba a un área de varios miles de kilómetros cuadrados. Al momento siguiente ya no.

En agosto, el huracán Irene temporalmente dejó fuera de servicio 6.500 antenas de telefonía móvil en la costa este. A finales de octubre, una gran tormenta de nieve dejó a millones de personas sin electricidad en algunas zonas de la Costa Este. A pesar de que los problemas climáticos son un desafío, por lo general suele haber un aviso previo para los servicios públicos y los operadores móviles pueden prepararse. Y con frecuencia hay zonas donde la electricidad está todavía disponible. Cuando se va la luz en todas partes al mismo tiempo, de forma instantánea, como lo hizo en San Diego, te hace pensar.

Pasadas 96 horas después de que la luz se apague, mejor que se haya activado de nuevo y nuestra conectividad se haya restaurado, o nos encontraremos en la Edad de Piedra.

Eso me preocupa.

¿Qué sucede cuando las luces se apagan?

Cuando la electricidad se va, el servicio de móviles "se vuelve de mala calidad". Eso ocurre porque todo el mundo coge su móvil al mismo tiempo. Es el equivalente inalámbrico de todo el mundo cogiendo las mismas carreteras, al mismo tiempo. Pero cuando los sistemas 3G se congestionan, el área de cobertura de zonas móviles puede reducirse, lo que implica faltas de cobertura potencialmente mayores, además de problemas de capacidad.

Sin embargo, al igual que daba por sentado cuando yo era un niño que las redes de telefonía fija siempre funcionaban, la gran mayoría de personas piensan que sus dispositivos inalámbricos deben seguir trabajando cuando se va la luz. Para apagones más cortos, normalmente este ha sido el caso. Como el Mago de Oz detrás de la cortina, los operadores de telefonía mantienen los sistemas activos.

Vamos a ver cómo funciona. Hay tres piezas en el rompecabezas:

  • Nuestros teléfonos / dispositivos
  • Las antenas móviles
  • La instalación central de conmutación del operador para un área geográfica determinada
(En realidad, hay un montón más, pero voy a hacerlo simple.)

La alimentación para tu teléfono y tu portátil debe ser fácil. Los teléfonos tienen baterías pequeñas, y todo el mundo debe tener piezas de repuesto, baterías externas, cargadores solares, o un cargador barato de manivela (comprar uno online). La culpa es tuya si el móvil se queda sin batería. Recuerda que, a pesar de que tu portátil todavía podría tener energía, tu wi-fi estará fuera de servicio, ya que el router / modem no estarán activos.

Las antenas de móviles tienen por sí mismas alimentación redundante. Hay cientos de miles de antenas en todo el país, y los operadores han puesto baterías de respaldo en muchas de ellos, especialmente en los sitios que ellos consideran críticos. Más allá de las redundancias en las baterías, los operadores tienen la posibilidad de conectar generadores a las torres existentes o implementar de forma rápida COWS (antenas sobre ruedas) y COLTS (antenas sobre camiones ligeros) para aumentar la cobertura y su capacidad en tiempos de crisis, y lo han hecho bien hasta este punto. Cuando hay un desastre natural, a menudo hay esfuerzos asombrosos que no vemos para restaurar el servicio.

El problema es que las baterías de respaldo se acaban quedando sin energía, y cuando eso sucede, se acaba el servicio en una determinada zona o barrio.

¿Y esa tercera pieza en que no has pensado? Empieza a hacerlo.

A principios de este año, visité un centro de conmutación de uno de los grandes operadores de telefonía móvil. Es responsable de la operación de cientos de antenas en un área geográfica. El voz inalámbrica y los datos de tráfico de las antenas de la región se encaminan hacia esta ubicación a través de distintos modos de transporte.

Las instalaciones en sí tienen aproximadamente 40.000 metros cuadrados, y son un monumento a la tecnología sofisticada. Impecable, brillante, en gran parte vacío, y altamente automatizado, parecían un viejo episodio de Star Trek donde la gente se había ido y la avanzada tecnología seguia funcionando por su cuenta.

Una sala está llena de filas de equipos de conmutación, el único sonido es el zumbido de los ventiladores de refrigeración. Otra área tiene filas y pilas de grandes baterías que proporcionan ocho horas de energía de reserva principal de la instalación.

Otra capa de seguridad redundante se encuentra fuera: un generador diesel gigante, sabiamente colocado en soportes anti-sísmicos, con suficiente combustible para mantener la instalación por otros cuatro días sin reabastecimiento. Cuatro días. 96 horas. Desde mi punto de visita, esas 96 horas seguían clavadas en mi mente. Si la instalación de conmutación puede fallar, eso quiere decir que nuestros smartphones están a 96 horas de volverse estúpidos. Sin energía, no hay conectividad. Sin conectividad, no hay inteligencia.

Cuando la luz se vaya, habrá escasez de personal en las instalaciones, y si hay daños, mi suposición es que los técnicos y las piezas de repuesto para los equipos sofisticados que no estarán allí. Y eso asumiendo que no hay otros problemas (por ejemplo, terremotos), que además interrumpan el transporte, o peor aún, un montón de chicos malos que se infiltran en la instalación y jueguen a béisbol "con un montón de tubos de acero y con el equipamiento". Personalmente, habría sido mucho más feliz de ver mayor seguridad física allí. Tal vez peligrosos perros de seguridad en los pasillos vacíos.

Vamos a contar el reloj de 96 horas

Así que imagina que la electricidad se va una mañana. Sin previo aviso, sencillamente se va. Durante las primeras horas, nos quejamos de que nuestra conexión inalámbrica a Internet es lenta, o que tenemos tonos de red ocupada en alguna de las llamadas que deseas realizar. A través de nuestros teléfonos, tablets y otros dispositivos conectados, obtenemos noticias y actualizaciones de nuestro municipio del tipo: "Aguanta ahí, estamos intentando arreglarlo". Si no estamos atrapados en el trabajo o en un atasco de tráfico, iremos de camino a nuestras casas oscuras.

24-48 horas: Entra en el abismo de la información. A la mañana siguiente, muchos de nosotros no tendremos servicio móvil. Los operadores recibirán los generadores portátiles en los sitios clave - pero no en todos los sitios. Después de 48 horas, seremos más los que estemos desconectados.

Entonces, ¿cómo saber qué está pasando? Nuestros televisores y módems de cable no funcionarán - ¡no pueden! ¿Radio a pilas? Si eres una de las pocas personas que tiene uno, todavía tendrás un problema. Las estaciones de radio funcionan cada vez con más alta tecnología, y adivina qué, la mayoría de esas estaciones no emitieron durante el apagón de septiembre en San Diego.

48-72 horas: Tu cartera está vacía y también tu nevera. ¿Cómo vas a pagar las compras, incluso simples, sin energía, comunicaciones ni dinero en efectivo? Conforme cada vez hacemos más transacciones a través de tarjetas de crédito, teléfonos móviles e, incluso, online, el dinero en efectivo se ha vuelto mucho menos frecuente. Si los cajeros automáticos están caidos, y no tienes suficiente dinero en efectivo de emergencia en la mano, ¿qué haces?

Ya, parece que para una amplia demografía, especialmente los menores de 25 años, el dinero en efectivo ya está muerto. O, si hay emisiones de radio de emergencia y las emisiones dicen que la ayuda de emergencia está situada en un parque determinado de una ciudad, ¿para qué sirve esa información a una persona que depende del GPS y que nunca aprendió a leer un mapa y tampoco posee ninguno?

72-96 horas: No hay gas, ni agua. ¿Y ahora qué? Los coches se han quedado sin combustible. Las carreteras están tan obstruidas, que no sirven. La seguridad pública tendrá que lidiar con todos estos problemas - con una degradada infraestructura de comunicaciones. ¿Seguirán funcionando las bombas de la instalación local de agua? Recuerda que todas las plantas de aguas residuales y del agua potable están cada vez más automatizadas. Yo no sé tu, pero voy a ponerme de mal humor en ese momento.

Los actos de los seres humanos van a ser peores que los proverbiales "actos de Dios". Pero, un momento. Hemos estado hablando de los desastres naturales y fallos en los equipos. En otro escenario, ¿qué pasaría si unos crackers lanzasen un ataque cibernético en la redes de servicios públicos? Algo así como lo que "podría" haber ocurrido en Brasil en 2005 y 2007 (aunque el gobierno lo atribuyó a "hollín en los cables"). Yo no soy un experto en seguridad de datos, pero sí en mirar artículos sobre vulnerabilidad de servicios públicos, y me topé con el informe de Grey Goose, que es más aterrador que cualquier cosa que haya escrito.

La clave para evitar esto es mantener la alimentación o, al menos, obtener alimentación de respaldo tan pronto como sea posible. En una nota más positiva, visité el Centro de Operaciones de Emergencia de la SDG&E (San Diego Gas and Electric) a principios de este año. Habían pensado estas cosas, las habían elaborado e implementado. Mantienen centros redundantes de desastres, sistemas redundantes de comunicaciones públicas y privadas, y toda una empresa dedicada a detener el cronómetro del apagón lo más rápidamente posible. Sin embargo, las cosas pasan.
Esta es una amenaza seria, y tenemos que tomarla en serio

Conforme he estado pensando en el último año sobre nuestra dependencia de la conectividad omnipresente, he hablado con ejecutivos de nivel C de ambos lados: de la parte técnica y de la parte de servicios públicos. Lo entienden. Pero tienen negocios que atender, clientes que servir, y objetivos de negocio para lograr mantener sus puestos de trabajo.

Es fundamental reconocer que el ritmo de crecimiento de nuestra dependencia de la conectividad omnipresente a través de nuestros dispositivos inalámbricos está superando nuestra capacidad para hacer frente a la ausencia de esos servicios. Tenemos que reconocer la medida en que nuestra infraestructura inalámbrica es cada vez más fundamental para nuestra vida personal, familiar, y para la existencia de la sociedad. Por el momento, es un tema frágil.

Por lo tanto, la próxima vez que se apagan las luces, mira el reloj de tu smartphone. O iniciar la aplicación de cronómetro para medir el tiempo que dura el apagón. Y reza para que no llegue a 96 horas.